Teresa
de Cepeda y Ahumada nació en Ávila el 28 de marzo de 1.515. Sus
padres eran nobles y piadosos. Sus ocho hermanos sintieron especial predilección
por ella. De niña como de mayor fue singularmente agraciada, ingeniosa,
discreta, alegre, volcán de imaginaciones y anhelos. De poca edad aún,
solía jugar con su hermanito Rodrigo a hacer ermitas en el jardín
de su casa y cuando contaba siete años se escaparon los dos camino de
Salamanca con la intención de llegar a tierra de infieles, donde morirían
descabezados por Cristo.
Movida por la lectura de las Confesiones de San Agustín y por los consejos
de una tía suya, al cumplir los veinte años ingresó como
novicia en las carmelitas de la Encarnación.
Tomo el hábito el 2 de noviembre de 1.536. Un año y un día
después profesó. Estuvo a punto de morir, pero se recuperó,
pero durante el resto de su existencia le quedaron huellas de aquella enfermedad:
dolores de cabeza, fiebres, insomnios. En 1.562 fundó el primer convento:
San José de Ávila. Después funda varios más.
El 26 de julio de 1.582, ya vieja, agotada y muy enferma, salió de Burgos
hacia Ávila. En Medina del Campo recibió orden del vicario para
trasladarse a Alba de Tormes, desde donde reclamaba su presencia su excelente
amiga y bienhechora. María de Toledo, duquesa de Alba. El veinte de septiembre
llegó a la ciudad en muy grave estado y el cuatro de octubre murió.
Sus restos fueron trasladados a Ávila tres años después
pero al poco tiempo fueron devueltos a Alba de Tormes. Teresa de Jesús
fue beatificada en 1.614 y canonizada en 1.622.
Sus obras se pueden dividir en dos grupos: Libros autobiográficos: Libro
de su Vida, Libro de las Fundaciones, Libro de las Relaciones y Cartas; y libros
ascéticos y místicos: Camino de Perfección, Las Moradas
y otros escritos menores.