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IDEA FUNDACIONAL Antes de terminar la Guerra Civil española Franco tenía la idea de erigir un Monumento a los Caídos en la Guerra que" honrase a los muertos tanto como ellos nos honraron".y que simbolizara el hermanamiento entre las dos partes contendientes bajo el amparo de la Cruz. El Monumento a los Caídos tuvo desde el principio en la mente del Fundador un profundo significado.No se trataba de proyectar un gigantesco cementerio para los muertos de España. Se pretendía que su cristiano reposo fuese el homenaje de todo un pueblo a quienes les legaron una España mejor y éste sólo será auténtico si lo mueve la fe en la inmortalidad del alma. El Monumento debería ser un templo, donde el pueblo intercediese ante Dios y donde la Iglesia desplegase su fructífera liturgia, que no sólo sería sufragio, sino que el culto al Supremo Hacedor daría plenitud al Valle de los Caídos. Para las generaciones venideras debería ser además recuerdo tangible de una tragedia que no podrá volver a repetirse. Lección perenne de nuestra historia. Las dos guerras mundiales, que con breve intervalo llevaron su horror a todos los hombres, dejaron tras sí una dantesca estela de muertos. El carácter masivo de las guerras modernas traía consigo el más atroz anonimato: El Soldado Desconocido. Y al Soldado Desconocido se levantaron monumentos en todas las ciudades, homenaje de pueblo castigados y dolientes a quienes cayeron en la lucha, emocionado homenaje, más estéril y triste, porque el Soldado Desconocido no reposa a la sombra de una cruz. El Monumento que España levantaba a sus caídos debía tener un hondo acento cristiano. Nuestros soldados tenían que reposar en tierra sagrada, en un templo santo, a la sombra de una cruz. En su concepción el Monumento a los Caídos quería recordar eternamente una nueva gesta entre las infinitas de nuestra Historia y es sin duda uno de los más grandiosos del solar español levantado a los hombres. "Cuando el tiempo pase - dice el arquitecto Diego Méndez - y las generaciones futuras digan: "Aquí están enterrados unos hombres que lucharon y murieron cuando fue preciso luchar y morir, pero de los que nada sabemos", el Monumento habría pasado a ser una inmensa tumba gloriosa". Tumba, osario, panteón, que sólo se visitase por mera curiosidad arquitectónica o con frío espíritu arqueológico, cuando no con la frívola inconsciencia del turista, sería no entender el significado. Por eso Franco lo concebía , no como uno más de los que a lo largo y ancho de España inmortalizan una acción guerrera, sino que en él debía latir el pulso de la Patria con una profundidad y con un símbolo espiritual superior al recuerdo de un episodio, por muy alta que fuera su grandeza. Debía ser un Monumento latente, vivo, para que cuando el recuerdo del hecho actual se difumine en la nebulosa del tiempo, no fuera necesario ir al Valle con un libro abierto con un guía para sabe que "esto" se construyó por "aquello". |